Relato: #OrigiReto2018 - Reflejo de esperanza (Junio 2)

El agua del río Negro nunca ha hecho más honor a su nombre. Apenas puede verse a través de su opacidad y toda la zona huele a azufre y cenizas, un hedor cortante lleno de cuchillos y malos presagios. Muchos peces muertos por el sulfato flotan en su superficie junto a pequeñas ardillas, mariposas y mosquitos calcinados. En su linde, una pequeña Inganekwane llamada Arwa observa en silencio.

Debe acudir al árbol corazón junto a sus compañeras, porque aún tienen que apagar todas las cenizas para asegurarse de que el incendio no revivirá durante la noche. Pero la joven hada está tan agotada… Apenas encuentra las fuerzas necesarias para servirse de la magia del bosque y, aunque sabe de la importancia de salvar su tierra de la deforestación, se permite descansar unos minutos.

Arwa es tan pequeña —incluso para ser un hada— que podría haberse metido dentro de una gota de agua, pero en ese momento de agotamiento prefiere ir directamente al río y sumergirse de lleno en su orilla. El agua está sucia, pero aún así refresca sus pequeñas manitas, su rostro, sus pies entumecidos, descargando sus cansados músculos y permitiéndole volver a respirar. Sólo un poco.

Tras su merecido baño, Arwa sobrevuela el perímetro más cercano al río, dejando tras de sí una estela de gotas diminutas de agua que caen sobre el suelo como el rocío de las mañanas, mientras ella agita las alas para elevarse varios metros sobre el nivel de los cenicientos árboles. Desde allí, observa.

Todo lo que abarca su vista es simple y llana muerte. Los pocos árboles que quedan en pie están calcinados, hay rescoldos por todo el suelo e incluso restos ardientes volando por el aire, como mariposas funestas de destrucción.

Arwa guarda silencio y escucha. Escucha como lo hacen las hadas del bosque, elevando los ojos al cielo y abriendo su corazón. A las profundidades del bosque se adhiere un silencio angosto, semidormido pero electrificado, ausente de la magia que reina en las cosas vivas sin que casi nadie repare en ella hasta el día que se agota sin remedio. Los ojos de Arwa quedan fijos en la gran columna de humo negro que nubla el horizonte mientras un dolor punzante se clava en su corazón. Le cuesta respirar y se da cuenta entonces de que está llorando.

Grita. Grita en voz alta, cada vez más alto. Pero no queda nadie allí que pueda escucharla llorar. ¡Ha vivido en el bosque de Ihlathi toda su vida y ahora ni siquiera lo reconoce! Arwa jamás había visto un incendio. Ni siquiera una hoguera. Es demasiado joven para tanto dolor, y todavía le quedan muchos horrores que descubrir. Por suerte, aunque ella no pueda creerlo en ese momento, también muchas maravillas. Y una de ellas está a punto de cruzarse en su camino de regreso al Isihlahla, al que acudirá en busca de merecido descanso y consuelo. Sabe que en el árbol corazón encontrará a muchas de sus hermanas.



Las historias de las Inganekwane sabias de la tribu —que tienen cientos de años y poseen casi todo el conocimiento de la Naturaleza— cuentan que en toda tragedia se puede encontrar una oportunidad, que cuando todo parece acabado siempre queda una luz que se abre camino a través de la devastación. Durante años, las Madres Sabias han contado a las nuevas generaciones que incluso el fuego esconde vida en su interior, que llorar no sirve de nada, que nunca está todo perdido. Arwa ha escuchado esas historias cientos de veces, pero ahora no puede creerlas, sus lágrimas le dicen lo contrario, que sí, que llorar es la única opción, y que sí, que todo está perdido. El bosque, lleno de ceniza y muerte. Y ella, desbordada por la soledad y la tristeza.

Sin fuerzas para seguir, desciende lentamente. Sus lágrimas caen sobre el suelo desapareciendo evaporadas por el calor antes de llegar a tocar las cenizas. Arwa las sigue con la mirada, mientras la desesperanza se adueña de ella. Se queda mirando un remolino de cenizas, abatida, hasta sentir que algo se mueve a su espalda. Da un pequeño grito y se da la vuelta de inmediato. Entonces ve que no se trata de un depredador.

Se abrasa los pies descalzos a pesar de seguir mojada, pero no le importa. Es más, se agacha sobre la arena quemada hasta arrodillarse y comienza a escarbar frenéticamente con sus manitas diminutas en el lugar donde la ceniza se mueve.

Las Inganekwane, guardianas del bosque y de todas las cosas de la Naturaleza, no se reproducen como el resto de las especies animales del planeta, ellas nacen del bosque. Brotan de las cosas bellas y vivas para traer al mundo la magia de la creación, para proteger el bosque y a sus habitantes. Son seres de luz, sin maldad ni ambiciones. Puras como la lluvia y el abrazo de una madre. Pueden nacer de cualquier cosa. De una gota de agua, de un capullo de seda, de un grano de arena. De cualquier cosa. A veces, las más especiales, un hada nace en forma de reflejo. Ellas la llamaban la otra mitad, el complemento. Las Madres Sabias siempre definen a los reflejos como la parte de una misma que habita en otro ser, un trozo de ti que se te escapa de dentro cuando la vida se le queda pequeña.

Arwa nunca había creído las historias de las viejas hasta el momento en que Rawa emergió de las cenizas y con sus manos escaldadas ella tiró de su piel ardiente para sacarla de allí, temiendo que hubiese ardido con el bosque. Que se hubiese rendido.

Cuando agarró sus bracitos para incorporarla, los ojos rojos de Rawa se abrieron de par en par. Refulgían fuego y calor y, mientras los miraba embelesada, Arwa confirmó dos cosas: que el fuego no la ha matado, sino que la ha traído al mundo, y que incluso en el momento de mayor tristeza y zozobra, siempre se puede encontrar una pequeña gota de esperanza.



FIN


Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo: 17. Describe una noche o crea un relato que suceda en un bosque encantado. En un principio quería hacer con él el objetivo de Drama para los retos anuales pero las haditas me dieron mucha pena a medida que avanzaba la historia y quise darles un final esperanzador. No me gusta demasiado cómo ha quedado pero este mes he ido muy mal con la escritura, así que he tenido que darlo ya por concluido por falta de tiempo.
  • Podéis consultar las bases y apuntaros a participar en esta entrada de mi blog o en el de Katty.
  • Podéis encontrar todos mis relatos para el #OrigiReto2018 en esta otra entrada.




  • ¿Qué os ha parecido el relato? Espero que hayáis pasado un buen rato leyéndolo. ¡Pronto más relatos dentro del #OrigiReto2018! Mientras tanto, es vuestro turno de opinar en los comentarios. ¡Muchas gracias por leer!

    10 comentarios:

    1. Me ha parecido precioso. ¡Enhorabuena!

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      1. Muchas gracias, me alegra que te gustase, un besito!

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    2. Pobre hadita, me alegro de que decidieras finalmente darle un final esperanzador. Además, así ha quedado más redondo, a mi parecer, con la temática del ciclo de la vida y la muerte.

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      1. La verdad es que este relato fue muy improvisado. Al principio la idea era que las hadas iban a clases para aprender a hablar lenguaje humano y en una de las clases tenían que describir un incendio, pero no me convencía del todo así que lo dividí en dos relatos.

        Cuando me salió esto fue casi inesperado porque sólo tenía a las hadas y el incendio enfrentados y ni idea de sobre qué hacer este relato. Fue una grata sorpresa poder escribirlo y que quedase chulo al final. Y alegre, que se agradece. De ahí saqué también el título.

        Gracias por comentar, un beso!

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    3. ¡Hola!
      Me ha gustado, muy entretenido, me ha gustado la hada, bueno siempre me han gustado las hadas. Y siempre hay que tener esperanza, que aunque todo parezca muy negro siempre puede brillar una estrella.
      Nos leemos.

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      1. Hola Maru!
        Me alegra que te gustase. A mí también me gustan en general los seres mágicos y en particular las hadas son muy adorables.
        Quise precisamente que este relato fuese esperanzador y de ahí el título y el final, a pesar de que en principio la cosa pinte mal con el incendio.

        Gracias por leer y comentar. Besos.

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    4. Hola Stiby!
      Pues voy a empezar con un punto de humor que le hago XD no sé porque me he imaginado a la hadita un poco ahogada cuando se ha metido en el agua, por mucho que se meta en la orilla es tan pequeña que para ella es una piscina XD y encima si es más pequeña que cualquiera ...debías haberla metido en algo más pequeño que se me ahoga!XD.
      Luego lo he pasado muy mal pobrecita me ha dado mucha penica es que a mi las cosas pequeñitas me dan ternurita!.
      Y luego que quieres que te diga dices que no te ha gustado mucho y a mi me ha parecido super bonito y super tierno.... de hecho me a recordado un poco al recodo de las hadas de deborah!
      Pues eso que a mi me ha encantado.
      Besis.

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      1. Weeeey, pues me he reído con tu humor porque es que yo también la imaginé medio ahogada porque pensé que normalmente con una gota de agua le valdría, pero coño estaba ardiendo el Amazonas así que una gota me parecía poco jajajaja

        A mi también me parece un relato tierno y sobre todo esperanzador. No me convencía del todo porque lo escribí sin ideas sobre lo que iba a contar. Un poco sobre la marcha, y me parece que no cuenta mucho. Pero aún así me ha gustado el resultado final y saber que te ha encantado me anima más todavía.

        Gracias por el comentario!

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      2. Yo y mi humor raro XD.
        Pobre con una gota valía pero es cierto que en el amazonas hay mucha agua XD.
        Claro que si, que es muy bonico.
        Gracias a ti!

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      3. Me gusta tu humor raro jeje. Un abrazo :D

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