Relato corto: La primera navidad.

La primera Navidad
Érase una vez un gran mago muy poderoso. Era tan poderoso que le bastaba un chasquido de dedos para hacer aparecer cualquier cosa que necesitase. Joyas, dinero, ricos manjares… Lo tenía todo al alcance de la mano.

Sin embargo, a medida que el gran mago fue creciendo, se dio cuenta por sí mismo de algo que su madre siempre había intentado explicarle: la magia no podía conseguirlo todo.

Por más ropa elegante que transformase para ponerse, por más lujosos anillos que portase en el dedo como símbolo de distinción, la escurridiza Lucy parecía no darse cuenta de su existencia.

Lucy era una bruja de su edad. No era tan poderosa como él, aunque era mucho más popular. Lucy tenía amigas que la acompañaban a todas partes, que le ayudaban cuando lo necesitaba, la aconsejaban cuando hacía falta y, sobre todo, nunca la dejaban sola si ella las quería a su lado.

Un día, lleno de vanidad, se atrevió a abordarla. Pensó que sería difícil que ella no le hubiese visto ya. Había estado merodeando por sus alrededores durante las últimas semanas. Incluso la había saludado un par de veces con la mano cuando le había descubierto observándola. Decidió simplemente acercarse y hablar con ella.

Era el mejor mago en muchos quilómetros a la redonda. Ella no podría resistirse a salir con él si, simplemente, se lo pedía. No se le había ocurrido nada mejor que aquello. Simplemente, sería él mismo.

—Hola. Vengo a salvarte de este aburrimiento —saludó, prepotente, como siempre saludaba a todo el mundo. Ni siquiera dedicó una mirada a sus amigas. Ni hablar de un saludo. No merecían su saliva.

–Hola –contestó ella, extrañada, como si no comprendiese que se estaba dirigiendo a ella–. ¿Quién eres? –susurró, mirando a sus amigas como si pensase que aquello podía ser una broma por su parte. Ellas negaron con la cabeza.

–Soy el amor de tu vida, guapa. No pierdas el tiempo con personas aburridas. Ven conmigo y te enseñaré el verdadero placer de la vida. Gozarás del respeto y la admiración que mereces, sólo por estar a mi lado. Me llamo Claus.

–Oh, eso me parece interesante, pero, ¿tienes algún regalo para mí?

En un mundo de magia, en un mundo en que casi cualquier individuo podía hacer un truco para conseguir la joya que le gustaba o ese vestido precioso que habían anunciado en la televisión, hubo un tiempo en el que reinó aquella tradición. Hacer un regalo a aquellos que te interesaban. No costaba dinero y apenas esfuerzo. Era un simple método de demostrar que, al menos, habías dedicado unos segundos a prepararte para la aventura de una nueva relación. Era una tradición antigua y en casi completo desuso. Al joven mago le sorprendió aquella petición.

–¿Regalo? –preguntó extrañado– ¿Para qué necesitas un regalo? ¿No te vale con mi compañía?

Ella rió un poco, tomándose sus palabras como un pequeño chiste malo.

–Siempre hace falta un regalo, joven Claus –le dijo, y su voz había cambiado levemente mientras recitaba las palabras del viejo cuento para niños–. Un regalo nos muestra la verdadera intención de las personas. Un regalo refleja el verdadero interior de quien nos lo hace. Nos ayuda a conocerle mejor que una larga y aburrida conversación. Si deseas que te acompañe hoy, o cualquier día, deberás hacerme un regalo. Me gusta conocer a la gente con la que trato. No me gusta desperdiciar mi tiempo con quien no sabe apreciar su valor.

Y diciendo aquello, la joven se alejó, rodeada por sus amigas, que la cubrían como temiendo que el joven a quien acababa de rechazar pudiese tener una reacción agresiva.

Durante días, el joven Claus estuvo pensando en qué regalo podría hacer. Sopesó muchas ideas, pero ninguna fue lo suficiente buena, a su parecer, para lograr seducirla.

El día 24 de Diciembre se presentó por fin frente a Lucy. Ella le miró con una sonrisa de niña emocionada.

–¿Ya tienes mi regalo?

–Sí –dijo él. Y sacó un lazo rojo de su bolsillo, poniéndoselo después atado a la cabeza–. Yo seré tu regalo, ya que no he podido encontrar nada mejor en el mundo.

Ella le miró extrañada. Después se echó a reír. Claus pudo encontrar en aquella risa, restos de desdén y burla. Contuvo la respiración para no soltar alguna impertinencia.

–Mi regalo es muy parecido. Creo que te gustará –dijo la joven y guapa Lucy. Y sacó un pequeño paquete envuelto en brillante papel de plata.

Claus lo desenvolvió emocionado. Dentro había un bonito espejo de mano.

–¿Un espejo? –preguntó, extrañado.

–Sí –dijo ella–. En él podrás ver siempre que quieras, a la persona que sea más importante para ti.

Claus miró el espejo, emocionado. Pero sólo encontró su rostro.

Cuando volvió a alzar la vista, Lucy había desaparecido.

Desde aquél día, Claus no volvió a verla. Todos los días bajaba a aquella parte del parque, para ver si la encontraba. Pero ella nunca aparecía.

El joven Claus se empezó a encerrar cada vez más en sí mismo. No hablaba con nadie. Apenas salía de casa. Creció solo y triste. Y todos los días 24 de Diciembre, durante los siguientes ochenta años que duró su vida, preparó miles de regalos para ella, con la esperanza de encontrar el adecuado, el que la hiciese volver. Pero ella nunca volvió, y Claus tiraba los regalos, de mal humor, al enorme cubo de basura que había frente a su casa. Era un cubo de basura mágico. Un cubo infinito que desembocaba en miles de chimeneas de pequeños, diminutos, insignificantes seres humanos. Seres sin magia, seres normales, aburridos. Tristes.

Seres que supieron apreciar todos los regalos que Claus desterraba del mundo mágico, mejor de lo que Lucy o él mismo, podrían haberlos apreciado jamás.

Si has llegado hasta aquí, sigue un poco más: deja un comentario. ¿Qué te ha parecido el relato? ¡Gracias!

15 comentarios:

  1. Me ha parecido muy divertido!!! La gente que lo tiene todo no sabe apreciar las cosas.

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    1. Me alegra que te pareciese divertido!! Era la idea. Quería hacerlo tipo cuento de Navidad pero sólo se me ocurrían ideas tétricas…

      Al final salió este Santa Claus rancio y deprimido en una sociedad como dices en la que al tenerlo todo, nadie sabe apreciar el verdadero valor de las cosas. Por desgracia vivimos en una sociedad así. Pero quise hacerlo un poco como para niños :)

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  2. OMG, me encantó. Navidad y magos que buena combinación. Un Claus un poco particular (egocéntrico) xD Nunca se me hubiera ocurrido algo así, muchas gracias por compartir el relato, sin duda muy imaginativo :D Saludos

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    1. Jeje, me alegro que te gustase. La magia siempre es buena compañía para los cuentos de Navidad… Y bueno, ya sabes tú que Tom será siempre mi inspiración y lo fue un poco para este cuento. Tipo, mago poderoso, rancio y pagado de sí mismo que no respeta al prójimo… :p

      Como le decía a Crisania, quería hacer el relato un poco como un cuento, y esta fue la mejor idea de las que tuve. La menos tétrica y deprimente xD

      Muchas gracias a ti por comentarlo. Feliz Navidad :)

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  3. Muy chulo stiby! Pero no nos deja en buen lugar… Nuestros regalos no son lo suficientemente buenos para Lucy?? Yo pasaba ella y me iba a por otra bruja… Total el mundo esta lleno de ellas Jajaja :p

    El relato muy imaginativo pero eso me hace cambiar de futuro tema. Tanta magia ya va a ser pasarse.

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    1. No es que no sean buenos, es que ella nunca volvió xD

      Y sí, es lo que tendría que hacer Claus. Ninguna bruja vale tantos desvelos ;)

      A mí me da igual el futuro tema… Ya encontraré yo la forma de sacarle la magia ;) pa' que te dé urticaria muahahahaha ;)

      Me alegro que te gustase. Dulce Falsedad pa’ ti :p

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  4. Ohh q bonito. Me ha gustado mucho

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  5. ¡Hola! Por fin pude sentarme a leerlo.
    Me gusta que de repente en algo tan mágico para los niños como la Navidad, se encuentre otra forma de contarles una historia distinta a la de las religiones de cualquier tipo, aunque el nombre de Claus parezca como el de Santa Claus.
    Creo por otra parte que el personaje de Claus esta bien realizado pero no entiendo muy bien el final.Y me explico;
    Creo que Claus es suficientemente egocéntrico al principio como nos lo cuentas, luego aun estando con el personaje de Lucy, sigue siendo algo prepotente, y muy egoista. En el tramo final le das una apariencia de que se inventa mil regalos para ella y bueno eso hasta en personas tan enamoradas de si misma existe, pero ¿ Tira los regalos a un cubo de basura mágico? El eso lo sabia. Si tan amargado esta, si tan encerrado en si mismo esta, ¿ Como es posible que tire regalos a un cubo de basura mágico de tal tipo como el que tu presentas?
    Esta muy bien realizada, me gusta muchísimo de verdad. Me has realizado pensamientos y dos emociones espontaneas. La de la risa y la de el pesimismo, en un relato se pueden mezclar muchas cosas y por lo que veo eres buena, ¡ Muy buena!
    Y el personaje de Lucy esta descrito genial, es una niña muy inteligente que sabe jugar sus cartas, algo calculadora y materialista podiamos deducir, pero alegre y penetrante.
    Lo de la parte del espejo me ha dejado loca, ha sido un buen punto.
    Sigue escribiendo ¡Por Favor!

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    1. Awwwww <3 <3 ¡¡Voy a llorar!!

      ¡No recibía un comentario tan largo y tan genial desde los tiempos de Pedro Picapiedra por lo menos! Menos mal que pudiste sentarte a leerlo, me alegro mucho (ahora es la parte en la que soy tan egocéntrica como Claus al principio, porque en realidad lo que me interesaba era recibir tu comentario xD jejejeje).

      Nunca me ha gustado la explicación religiosa de la Navidad, para mí siempre ha sido una fecha para disfrutar, sobre todo cuando era niña, y para juntarse con la familia cuando vas creciendo, sin necesidad de creer en uno u otro Dios y sin necesidad de creer que los Reyes Magos fueron unos hombres que le regalaron cosas a Jesús. Darle a una etapa tan especial del crecimiento de los niños un tinte religioso me ha parecido siempre un poco mal, pero en realidad, en este país la mayoría de las fiestas y celebraciones, son por algo religioso, así que… qué le vamos a hacer.

      El personaje de Claus pretendía ser egocéntrico, exacto, aunque al final, en realidad es más bien que él no lo entiende. No es que cambie su forma de ser, él sigue siendo prepotente, él piensa que las cosas que él hace son las necesarias, o las que harán volver a Lucy. Piensa que ella quiere un regalo mejor que el que le hizo y por eso busca regalos, pero ella no quiere ningún regalo ni nada por el estilo, simplemente: ella no le ha dado una segunda oportunidad, y es eso lo que Claus no ve.

      Y sobre que él tira los regalos al cubo, ahora me he leído esa parte y la verdad que sí parece que lo haga conscientemente, pero en realidad la idea era que él no sabía que el cubo hacía llegar los regalos a los niños sin magia, él pensaba que simplemente hacía desaparecer lo que él tiraba allí, para que el cubo no se llenase nunca. No es que tenga un arranque de generosidad y quiera aprovechar los regalos, porque en realidad, a él no le han costado nada, así que los tira con la misma facilidad con la que los ha hecho aparecer.

      :$ No sé cómo lo haces que siempre me sacas los colores. Gracias. De verdad. Lo que más me ha gustado de tu comentario es saber que te he despertado pensamientos y emociones, llegar a la gente así con un relato y sobre todo con un relato tan corto, ¿qué te voy a contar? ¡Es muy emocionante! ¡En serio! Y bueno, no creo que sea tan buena, estas cosas, como todo, es a base de prueba y error. Escribes algunas cosas y a veces das en el calvo, otras no. El caso, es no rendirse. Pero eso tú lo sabes bien :)

      En serio, muchas, muchas gracias por el comentario tan genial genialísimo y me alegra que te haya gustado el personaje de Lucy, ella realmente sabía el juego al que jugaba y lo hizo bien, dejando al pobre Claus esperando hasta el infinito. :)

      Lo del espejo se me ocurrió así de repente. En realidad no iba a ir en la historia pero se me ocurrió en un viaje y dije, ¡anda! ¡Pues voy a ponerlo! jeje, y ahí quedó.

      Muchas graciasss. Claro que seguiré escribiendo. ¡Eso siempre! Y más aún si me sigues poniendo comentarios tan, tan, tan maravillosos.

      Awwwww <3

      En serio. Eres genial. No cambies :)

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  6. Hermoso relato, me ha gustado mucho. Como dijo Al Pacino: "Vanidad, definitivamente mi pecado favorito...", mientras se escuchaba "Paint in black" de los Rolling Stones, al finalizar el filme "El abogado del diablo". Me encanta esa escena. Sobre todo me gustaron las palabras de Lucy: "No me gusta desperdiciar mi tiempo con quien no sabe apreciar su valor."

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    1. Me alegra mucho que te haya gustado, gracias por comentar. Este fue uno de esos relatos que surgió cuando menos lo esperaba, y me encantó escribirlo intentando que pareciese un cuento de Navidad, estilo fábula, con su moraleja y demás. Creo que no he visto la película a la que te refieres (El abogado del diablo). No he visto muchas películas, desgraciadamente (no tengo tiempo para todo), pero me ha hecho gracia la frase de Al Pacino jeje.

      Muchas gracias por el comentario y me alegro que te gustasen las palabras de Lucy. Su intervención en ese diálogo era prácticamente la esencia del cuento resumida en una frase :D

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  7. ¡Qué chulo me ha parecido este relato!
    Resulta que Santa Claus sólo era un hombre engreído y estúpido.
    La verdad es que me alegro que le pasara eso. Las cosas materiales no te dan la felicidad, sólo te ayudan un poco a conseguirla.

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    1. Me gustó mucho escribir este relato y creo que al final eso se nota también al otro lado de la pantalla. Estaba en el coche, iba a pasar la navidad en el pueblo, y de repente se me ocurrió basar el relato en un Papá Noel que no fuese bonachón sino que simplemente estuviese tirando los regalos que a él no le servían o algo así. Luego se me ocurrió lo del desengaño amoroso y que fuese un engreído, y al final salió este relato y me gustó mucho cómo había quedado, porque mostraba también lo que tu dices, que las cosas materiales muchas veces, si no hay alguien con quien compartirlas o algo más en lo que basar su uso, no nos dan ninguna felicidad.
      ¡Muchas gracias por tus comentarios!

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  8. (Soy chica potterhead xD)

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