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Reseña para #AdoptaUnaAutora: Los muchachos de zinc (Svetlana Alexiévich)

SÍ, HUBO UNA GUERRA EN AFGANISTÁN.



FICHA TÉCNICA

Título: Los muchachos de zinc. (Voces soviéticas de la guerra de Afganistán)
Autora: Svetlana Alexiévich. (Traductoras: Yulia Dobrovolskaia y Zahara García González)
Editorial: DEBATE.
ISBN: 9-788499-926292.
Año de publicación: 2016 (Original, 1989).
Número de páginas: 330.
Género: Periodísmo.
Resumen: Entre 1979 y 1989 un millón de tropas soviéticas combatieron en una guerra devastadora en Afganistán que el régimen comunista intentó ocultar: los muertos volvían a casa en ataúdes de zinc sellados, mientras que el Estado no reconocía el conflicto. Los muchachos de zinc generó una inmensa polémica cuando fue publicada originalmente en la Unión Soviética: las críticas acusaron a Alexiévich de haber escrito un texto fantasioso lleno de injurias y de formar parte de "un coro histérico de ataques malignos".

El libro presenta el testimonio cándido y emocionante de los oficiales y los soldados rasos, de las enfermeras y las prostitutas, las madres, los hijos y las hijas que describen la guerra y sus duraderos efectos. El resultado es una historia turbadora que expone la verdad de la lucha armada: la belleza del país y los brutales abusos del ejército, las muertes y las mutilaciones, las vidas humilladas y destrozadas de los veteranos. Los muchachos de zinc ofrece una perspectiva única, desgarradora e inolvidable sobre la realidad de la guerra.


OPINIÓN

Leí este libro hace ya varios meses (concretamente en Noviembre de 2017), pero por unas razones o por otras nunca me ponía a escribir la reseña. ¿Cómo hago una reseña de un libro que siento que no he llegado a entender?, me preguntaba.

Lo cierto es que salí un poco decepcionada de su lectura después de lo mucho que me habían gustado los dos anteriores de la autora: Voces de Chernóbil y La guerra no tiene rostro de mujer. Esto no quiere decir que Los muchachos de zinc no me haya gustado, de hecho le di 4/5 estrellas, pero sí es cierto que no me ha impactado tanto ni me ha parecido tan especial como los otros dos. Y aunque quiero creer que sí que es igual de necesario, tengo que convencerme a mí misma de ello.

Esto puede ser debido a que habla de un tema sobre el que no sabía absolutamente nada, por lo que no he sentido una necesidad de saber o conocerlo hasta que no me puse a leer el libro. Digamos que no tenía expectativas. También puede ser porque es bastante parecido en forma a La guerra no tiene rostro de mujer, en el sentido de que son personas (mayoritariamente hombres en este caso) hablando sobre la guerra, sobre cómo les marcó y lo que tuvieron que hacer, y cómo después el gobierno se encargó de borrar los registros de dicha guerra en la historia, borrando así parte de su pasado.

Tropas soviéticas en Afganistán.
La mayoría de las historias que se presentan en el libro me han parecido un poco repetitivas, aunque descorazonadoras. Gente que partió a una guerra que ni siquiera se reconocía públicamente; les enviaron allí a empuñar un arma y en su país decían que sólo iban en misiones de reconocimiento o a realizar el servicio militar. Morían allí y cuando regresaban a casa lo hacían en ataúdes sellados (de zinc, de ahí el nombre del libro) que no estaba permitido abrir. Muchas familias enterraron a sus seres queridos sin estar seguros de que estuviesen realmente dentro del ataúd. Esto me parece terrible. De hecho, la historia que más me impactó del libro fue la de una madre que años después encontró a su hijo al que había enterrado. ¿Qué había dentro del ataúd que llevaba su nombre? Nunca lo supo. Pero esto es espantoso, porque conociendo esta historia, ¿cómo iban las demás personas a abrir y cerrar el luto? ¿Cómo iban a creerse que los ataúdes contenían realmente a sus seres queridos si no les dejaban ver el interior antes de sellarlos?

No me he vuelto loca, pero le sigo esperando… La gente cuenta: a una madre le trajeron un ataúd y ella lo enterró. Un año después regresó su hijo… Yo le sigo esperando. No estoy loca.(Madre)


Normalmente esto debería ser un acto de fe, y no es poco habitual enterrar a nuestros seres queridos sin haberlos visto muertos propiamente, habiendo muerto de forma natural en un momento de paz, pero tratándose de gente que moría en una guerra que el estado ni siquiera reconocía… es aterrador el pensar qué llegaba dentro de esos ataúdes. Droga, a veces. Armas, o comida. Otras veces sí que había personas muertas.

Svetlana Alexievich, 1988, Afganistán.
Todo esto es un pasaje oscuro de la historia, y en el libro se relatan pinceladas de él, pero yo he tenido que investigar para saber de qué estábamos hablando exactamente. ¿Qué guerra? ¿Hace cuanto tiempo sucedió? Quedé asombrada al descubrir que hacía mucho menos de lo que yo pensaba. De hecho, una de las cosas especiales que contiene este libro son pasajes donde la propia autora parecía estar en el terreno conflictivo. No es como en La guerra no tiene rostro de mujer, que entrevistaba a todas las mujeres en sus casas o residencias. Aquí también parecía estar sobre el terreno en algunas ocasiones. Y eso me hacía pensar ¿cómo de reciente es todo esto de lo que no tenía ni idea?

Así que le pregunté a Google y a Wikipedia.

La guerra de Afganistán sobre la que nos habla el libro se desarrolló entre 1979 y 1989 (aunque se alargó hasta 1992 aproximadamente) y la primera edición de este libro se publicó en 1989, por lo que sí, está escrito mientras aún duraba la guerra. ¿Qué guerra?, me preguntaba yo mientras leía: una que enfrentó durante más de diez años a la República Democrática de Afganistán (RDA) contra la guerrilla afgana, formada por insurgentes muyahidines. Esta palabra se refiere, en un contexto islámico, a la «persona que hace la yihad», es decir, «alguien que lucha por su fe».

La RDA contó con el apoyo del Ejército Soviético y son testimonios de estos soldados los que encontramos en el libro. El bando contrario, la yihad, fue incentivada por EEUU, que gastó con los muyahidines aproximadamente 40 mil millones de dólares (armamentos, equipos modernos y otros recursos) durante un periodo de 25 años.

Mujer afgana enseña el rostro en público
por primera vez en cinco años de régimen talibán.
La guerra “terminó” oficialmente con la entrada de AlQuaeda (1988) y los Talibanes (1994) en el poder y el periodo que siguió, esta vez sí, todos lo conocemos. ¿Por qué conocemos las consecuencias de una guerra que ni siquiera está dentro de la historia?, me preguntaba yo. Al menos, yo no era consciente de que la URSS hubiese participado en ella. Supongo que tiene que ver con que a EEUU de repente le dio por quejarse de un gobierno que ellos, en cierto modo, habían ayudado a poner ahí. Y si tiene que ver con EEUU, entonces sí que es importante y no hace falta ninguna escritora como Svetlana Alexiévich para traernos este pedazo de historia a nuestras manos. Pero bueno, eso es otra historia que no viene a cuento. Éste es el encuadre general que yo desconocía cuando comencé a leer este libro.

Nunca he visto a una chica ponerse las condecoraciones militares, aunque se las merezca. Una se puso una vez la medalla por Servicio de Combate y, venga, todos a burlarse: “Por servicio de cama”. Porque todos lo sabemos: se puede ganar una medalla a cambio de una noche con el comandante del batallón.(Empleada)


En cuanto a los testimonios de los soldados, algunos me dejaron fría, pocos me removieron por dentro, y los menos me sacaron las lágrimas (el que he citado justo encima, por ejemplo). Tal vez me inmunicé o las gasté todas con La guerra no tiene rostro de mujer, o tal vez con tantas películas que he visto hablando de la guerra más o menos en los mismos términos que este libro. Tal vez estaba ya envenenada por la guerra, como la propia Svetlana relata en el prólogo de este libro:

Cuando acabé "La guerra no tiene rostro de mujer", pasé mucho tiempo sin ser capaz de estar presente cuando, tras un pequeño golpe, a un niño le sangraba la nariz. En las vacaciones me tenía que alejar corriendo de los pescadores, que lanzaban alegremente sobre la arena a los peces extraídos de las profundidades: sus ojos saltarines, petrificados, me daban náuseas. Cada persona tiene una cantidad determinada de fuerzas para defenderse ante el dolor, sea físico o psicológico, y las mías estaban agotadas.(Svetlana Alexiévich)


Algunos puntos especiales de este libro me han hecho pensar mucho. Por ejemplo que los soldados que hablen en él a veces sobre que no están conformes con la guerra en la que lucharon, con cómo los trataron y engañaron. Afganistán era su pueblo vecino, sentían empatía con ellos, habían vivido vidas similares, no querían estar matando en aquél país que, muchos de los que hablan en el libro, amaban. O que se sintiesen decepcionados con su gobierno al descubrir cómo los engañaba (no vi tal decepción ni siquiera en Voces de Chernóbil donde, evidentemente, también hubo mucho engaño gubernamental).

Afgán me ha curado. Me ha liberado de la fe de que lo nuestro siempre es lo correcto, de que los periódicos y la tele dicen la verdad.(Soldado, infantería motorizada)


Nosotros aún nos moríamos allí, y aquí ya nos estaban juzgando. Transportaban a los heridos a la Unión Soviética y los metían en un cuartucho del aeropuerto para que la gente no los viera. Para que no supieran… Ninguno de vosotros se paró a pensar: “¿Por qué en tiempos de paz los hombres jóvenes regresan del servicio militar con órdenes de la Estrella Roja y medallas al valor y por el servicio de combate? ¿Por qué traen todos esos ataúdes y mutilados?” Nadie se hacía esas preguntas…(Mayor, jefe de la sección de fusileros de alta montaña)


Y, sin embargo, a pesar de que todo esto se refleja en los testimonios que dan libremente y por su propia voluntad, después muchos de ellos denunciaron a Alexiévich por calumnias y manipulación de sus testimonios cuando fragmentos del libro se publicaron en la prensa. Alegaban cosas como que “yo no me quejé de la Patria”, o “yo no lloré cuando le hablaba de esto”. Yo sabía que habían demandado a Alexiévich por sus libros pero, sinceramente, ¡pensé que eran otros! ¡¡No las propias personas que hablaban en ellos!!

La parte de los juicios a los que Svetlana tuvo que asistir, demandada por los mismos soldados a los que ella había intentado dar voz frente al Gobierno y los engaños populares, fue la parte del libro que más se me atragantó en el pecho. Porque demostraba el miedo que tenía esta gente a ser castigada por decir libremente lo que pensaban sobre algo que les obligaron a hacer, en muchos casos. Que la guerra para ellos todavía no había terminado ni, probablemente, lo hará nunca.

Lamento infinitamente el dolor de sus madres… por la sangre de los afganos inocentes, ellos, los soldados, no recibieron medallas, sino ataúdes de zinc…

En su libro, la escritora los diferencia de aquellos que los enviaron a matar; a diferencia de mí, ella los compadece. No logro entender por qué la quieren juzgar. ¿Por decir la verdad?(Griogori Vailovski, excombatiente de la Gran Guerra Patria (IIGM), mutilado de guerra, San Petersburgo)


Svetlana Alexiévich ha abandonado la sala antes de que el proceso haya finalizado, lo ha hecho después de que el jurado haya declinado nuevamente la petición de la escritora sobre el peritaje literario. Alexiévich ha preguntado, con razón: «¿Cómo se puede juzgar una obra narrativa documental sin conocer las leyes del género, sin dominar las bases del trabajo literario y encima rechazando la opinión de los expertos?». Pero el jurado se ha mostrado inflexible. Después de la segunda declinación de la solicitud del examen literario, Svetlana Alexiévich ha abandonado la sala. La escritora ha dicho:
—Como ser humano… he pedido perdón por haber causado dolor, por este mundo imperfecto donde a menudo ni siquiera se puede caminar por la calle sin molestar a otra persona… Pero como escritora… no puedo, no tengo derecho a pedir perdón por mi libro. ¡Por la verdad!

El juicio civil a S. Alexiévich y su libro Los muchachos de zinc es nuestra segunda derrota en la guerra afgana… (Elena Molochko, Narodnaia gazeta, 23 de diciembre de 1993)


Como ya adelantaba al inicio de la reseña, tengo que darle 4 estrellas a este libro porque no me ha hecho sentir tanto como los otros dos de mi autora adoptada.



Esta será mi última entrada sobre Svetlana Alexiévich para la iniciativa Adopta una autora. Podéis encontrar aquí todas mis entradas anteriores, tanto sobre ella como sobre Amelia Noguera. Ha sido un placer tener el privilegio de adoptar a esta autoraza, premio nobel de literatura, así como leer tres de sus libros. Debo agradecer a la iniciativa por ello, ya que tal vez habría tardado más en leerlos de no ser por ella.

Esto es todo para la reseña, espero que la hayáis disfrutado y, como siempre, os haya entrado el gusanillo de leer a Svetlana Alexiévich. Dejadme saber qué os ha parecido en los comentarios. Muchas gracias por leer.

9 comentarios:

  1. Hola! Todo un trabajazo en esta entrada. No es muy de mi agrado el tema de la guerra y el drama social como lectura, pero creo que esta clase de libros en los que se da a conocer las "otras verdades" de la guerra, las vivencias personales y los eventos sucedidos a nivel mundial o nacional que se ocultan o de desconocen sobre esas guerras o conflictos, son realmente necesarios para dar a conocer las realidades de la guerra y despertar un poco la conciencia social sobre el tema. Muy interesante el tema, esta autora me parece muy vanguardista y valiente por desvelar las verdades con sus libros, aunque parece que lo ha tenido difícil justo por eso.
    Enhorabuena por la entrada ;3

    .KATTY.
    @Musajue

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    1. ¡Hola! Muchas gracias, guapa. La verdad es que a mí siempre me ha gustado leer sobre dramas sociales y guerras, son temas que me hacen pensar y me remueven por dentro. Además este libro tiene la particularidad de mostrar detalles escondidos, como bien dices, como los otros de la autora.
      Muchas gracias por el comentario. La verdad es que descubrí a Svetlana gracias a Nea Poulain y creo que era la autora perfecta para traer a la iniciativa Adopta Una Autora, por eso me sorprendí mucho cuando vi que nadie la tenía adoptada y decidí hacerlo yo.

      Sus tres libros me han parecido muy interesantes y sobre todo los dos primeros que leí, muy necesarios.

      Gracias por tu comentario.

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  2. Entiendo que el conocer a esta autora te ha aportado mucho y solo por eso ya se merece que la leamos aunque tengo que reconocer que no es un tema que me incite a leer porque sé que voy a sufrir (la empatía y yo primas hermanas) y eso me duele incluso antes de comenzar. En el caso de esta novela, parecen testimonios, relatos, que traen una realidad real, valga la redundancia, y eso me frena. Soy cobarde, lo sé, pero no me lo tengas en cuenta
    Un abrazo

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    1. ¡Hola!
      La verdad es que me ha aportado muchísimo, cuando la adopté ni siquiera sabía que sus libros iban a ser tan interesantes.
      Lo cierto es que con todos sus libros se sufre, aunque con este es con el que menos lloré, también lloré un par de veces. Por lo real que es todo lo que relata, te hace sentir muchísima empatía y dolor por lo que estás leyendo.

      Todos sus libros son testimonios reales de personas que vivieron las tragedias, sin adulterar, simplemente transcritos. De hecho, esta es la que más tenía sobre la propia autora, en las otras dos novelas que he leído suyas, ella apenas aparecía, cediendo la voz a sus entrevistados.

      No es fácil leer estos libros, hay mucho dolor en ellos, así que no te fuerces a hacerlo si crees que no son para ti en este momento de tu vida.

      Gracias por leer y comentar la entrada.

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  3. Hollaaaa Stiby!
    Aunque como siempre vengo alegre a comentarte, hoy vengo un poquito menos alegre!.
    Ya sabes que a mi estos libros me dejan muy rota por dentro por eso mismo no sé si tendré fuerzas para leerlos alguna vez, si, el tema me atrae muchísimo pero luego yo lloro con nada desde que me he echo mayor. Con decirte que con la reseña casi se me han saltado las lagrimas en algunas partes.
    Muy buena lectura del libro y encima estudio de todo el tema guerra. Siempre pasa lo mismo pelean por el poder, por el dinero, por chorradas como yo digo y al final los que pagan son los de a pie.
    besis.

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    1. ¡Hola! Este libro me resultó algo menos durísimo que los otros dos, aunque sigue siendo espantoso y yo sí que lloré leyéndolo.

      De todos modos, ya te digo, guarda a Svetlana para cuando tengas ánimo de leerla, y si algún día te lanzas, empieza por Chernobil o La guerra no tiene rostro de mujer, intercalando otros libros. Es de leer poco a poco, ya sabes.

      Tienes toda la razón, al final, casi siempre se luchan las guerras de otros y los que más pierden son los que ni querían luchar las.

      Un abrazo.

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    2. Hollaaaa !
      Y no es mejor empezar con el mas flojete? a ver si así puedo soportarlo?....no sé digo yo...
      totalmente.
      besis.

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  4. Que horror es la guerra. Y esta escritora tan valiente, si q hay q tener ovarios para investigar y escribir y ser testigo del horror q viven muchos minuto a minuto,día a día, año a año...una vida entera. Pot mujeres como ella podemos ver la otra cara de realidad que los medios pagados ocultan, un verdadero honor poder leer sobre sus obras gracias a tus reseñas e investigación. Gracias tomarte tu tiempo en presentarnos! Saludos

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    Respuestas
    1. Hola!

      Gracias por leer y comentar, bienvenida por aquí.

      Los tres libros que he leído y reseñado de Svetlana son durísimos. Ella misma dice que después de escribirlos y durante el proceso de recopilar testimonios lo pasa realmente mal y tarda muchos años. Tiene que ser muy jodido, pero también muy gratificante, pues das voz a quien no puede tenerla de otro modo.

      Qué bonita tu apreciación de la autora y hacia mi, gracias, y tienes razón, es gracias a luchadoras como ella que podemos conocer la historia oculta de otros muchos y muchas luchadoras invisibilizados.

      Gracias por leer y comentar.

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